Salvo en casos excepcionales, la hipoacusia no es un proceso repentino, sino que se instaura de manera lenta y progresiva, de forma que se va adquiriendo una especie de costumbre a oír mal que dificulta el reconocimiento del problema auditivo.
Los primeros síntomas de una pérdida auditiva son:
La necesidad de hacerse repetir partes del discurso
La persona hipoacúsica pierde palabras o frases del discurso porque no las entiende o las confunde, a la vez que adquieren especial relevancia sonidos de baja frecuencia (electrodomésticos, tráfico, etc.), que le resultan muy molestos.
La dificultad en las relaciones interpersonales
Si varias personas hablan a la vez o si se conversa en medio del tráfico o dentro de un coche, entender le resulta difícil.
Los errores de comprensión en la conversación
Los primeros tonos que dejan de oírse son los altos. Las palabras contienen frecuencias bajas (por ejemplo, las vocales, A-E-I-O-U) y altas (principalmente algunas consonantes, como C-S-F-Z). Si al pronunciarse la palabra ESFUERZO el hipoacúsico no oye las consonantes S, F y Z (porque la frecuencia es alta), éste entenderá la palabra HUERTO.
El malestar y el estrés
La dificultad para entender ciertas palabras durante una conversación supone un obstáculo para la vida social.
La dificultad para entender a los niños
porque tienen la voz más aguda, es decir, hablan con tonos altos.
La necesidad de subir el volumen de la televisión