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Autor: Silvia Civit
Fotografías: Amplifon
 
Desde hace muchos años, Vicente trabaja en la biblioteca del hospital de Burgos. Aun así, le costó dar el primer paso y acudir al médico. Le diagnosticaron hipoacusia bilateral mixta y tuvo que acostumbrarse a llevar dos audífonos. Han pasado once años desde entonces y ahora ve las cosas de forma diferente.
Para él, los audífonos han representado un cambio total en su día a día.

¿Cómo empezaron los primeros síntomas?
Supongo que, en mi caso, empezaron como para la mayoría de personas que padecemos este problema. En el trabajo no llegaba a entender lo que decía la gente; cada vez me pasaba con mayor frecuencia. En casa, viendo la televisión, no la captaba. Tampoco oía bien el teléfono. Me saludaban por la calle y me decían: "Oye, que no te has enterado de que te he saludado". Mi mujer me lo detectó a la primera. Me decía: "No me oyes cuando te hablo por detrás".

¿Los problemas de audición le afectaban en su día a día?
En todo. En mi vida familiar, laboral y social. Ves que te hablan y que no llegas, que te quedas a medias en las conversaciones. La verdad es que se pasa muy mal. Al final acabas enfadándote por nada, porque te sientes aislado. De por sí, los que somos sordos, nos aislamos cuando no oímos bien, cuando no entendemos las cosas. La historia está llena de ejemplos: Beethoven, Goya... Trabajo en un hospital, tratamos con muchísimas personas y yo veía que la gente me miraba como diciendo: "Pero qué le pasa a este hombre", y me acobardaba. Cuando llevas un tiempo así, todo te afecta y tratas de autoconvencerte y decirte: "Hombre, pero si yo sí oigo". La realidad es que tú crees que oyes, pero solo te oyes a ti mismo.

¿Cuándo dio el primer paso y fue al médico?
Cuando empiezas a perder audición lo vas notando y la gente que te conoce también te lo dice. Pero vas dejando pasar el tiempo: "Ya iré", piensas. A mí, en particular, me empujó mi trabajo. Tenía que hacer una entrevista para conseguir la plaza definitiva en el hospital y pensé: "Como vaya a hacer el examen y la entrevista en estas condiciones, lo voy a pasar muy mal". Así que di el paso definitivo.
Cuando fui al médico me hicieron una audiometría y me diagnosticaron hipoacusia bilateral mixta. Me recomendaron que me pusiera dos audífonos.

¿Cuánto tiempo hace que lleva audífonos?
Calculo que fue a finales de 2002 o a principios de 2003, lo digo porque pronto haré la revisión número once aquí en el gabinete de Burgos de Amplifon. Cuando llegué a Amplifon por primera vez, me atendió Lorena Romero, mi audioprotesista. Me trató muy bien, y sus compañeras, tanto María Jesús como Almudena, también se portaron muy bien conmigo. El año pasado me cambié los audífonos y ahora llevo los pequeños, el modelo Alera 921. Los otros están en la recámara. Se nota mucha mejoría. Los tiempos avanzan. Que Amplifon siga investigando, porque tiene muy buenos investigadores.

¿Le costó acostumbrarse al principio?
Acostumbrarse a un audífono cuesta. Esto no es como ponerse unas gafas y decir qué bien veo. Esto lleva su tiempo. En los audífonos primitivos entraba la señal muy fuerte y lo pasaba mal, sobre todo cuando los niños chillaban... los ruidos fuertes era lo peor. Los aparatos de ahora amortiguan más los ruidos que los de antes, los puedo llevar a cualquier sitio, porque con un botoncito pequeño los puedo regular.
 
¿Llevarlos ha mejorado su calidad de vida?
Sí, por supuesto. Es como pasar del agua al vino, como digo yo. Es un cambio total. He mejorado en todos los aspectos: familiar, laboral, con los amigos... Es totalmente distinto, es pasar del frío al calor. Al principio no quería que me vieran con audífonos y me di cuenta de que si no me miraban por detrás, no me los veían. Así que procuraba ponerme contra la pared o evitar sitios donde pudieran ponerse detrás de mí. Ahora, veo a gente que lleva gafas, otra que lleva muletas; pues yo llevo unos audífonos y punto.

Después de su experiencia, ¿qué consejo nos daría?
Que las personas que tienen problemas vayan al médico cuanto antes y, si tienen que llevar audífonos, que se los pongan. Conozco a personas que los llevan solo cuando les parece. Yo solo me los quito cuando me acuesto, durante la siesta o por la noche, el resto del tiempo los llevo siempre puestos.
 
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